
FANTASMA
Cuando muera,
ella será acechada por todos esos tipos que la miran y la “toman de la mano” al saludarla,
y si alguno de ellos puede hacer que Karina sucumba,
moriré por segunda vez
y mi imagen fantasmagórica caerá sobre él,
cada noche entraré en su cuerpo,
y haré que rabioso vomite por toda su habitación;
cada noche será lo mismo,
hasta que terminé enfermo y sin poder verla.
y quizás suceda de nuevo,
otro tipo mirando la figura de Karina
y yo detrás de ella,
ocasionándole escalofrío en la espalda,
comunicándome con mi alma traspasando sus pechos;
y aún muerto,
Karina seguirá sintiéndome,
pero si llega uno,
un tipo que le de a Karina lo que yo no he podido,
me iré,
solo dejaré una marca entre sus senos,
y mi alma dentro;
y por tercera vez moriré,
después de eso,
no creo pueda morir más veces.
BLACK METAL
Ella, estará en casa
comiendo pan de dulce
y escuchando "gritos" irreconocibles de su "black metal"
él,
ebrio en un viejo bar,
gritando,
buscando más dinero en alguna parte
para una más;
no hay más oportunidad;
ella lo tiene todo,
soledad,
cabello largo,
depresiones;
para qué Karina querría a un tipo como JB;
él, no es un "hombre de traseros",
pero si de senos;
él no es un "hombre de buenas costumbres",
pero si de flatulencias y eructos;
él no es un hombre,
no es nada.
Para qué Karina querría algo parecido a un "hombre";
si JB bebe,
vomita,
conduce el auto como un loco,
y le gusta sentir los senos de ella cerca de él.
Nadie querría a uno así;
ni siquiera Karina y su dolor por algo,
que claro, no es Juan Beat.
ROSAS ROJAS
Karina se veía radiante,
con su cabello largo,
cargando esas rosas;
yo,
nunca lo había hecho,
se me dio la gana
llevarle rosas rojas;
siempre hay una primera vez;
y la segunda fue más fácil;
pero ha sido la última,
Karina dice que ha sido por un sentimiento de culpa;
mierda,
si tuviera culpas,
la gente a mi alrededor tendría muchas rosas rojas;
no lo haré más;
no tengo culpas,
ni rosas rojas cortadas del césped de la desesperación…
ELLA ES TAN TRISTE
Ella se aferra a la soledad,
cada mañana amanece desesperada y harta,
cuando le llamo,
me habla pausadamente,
sin esperanza;
y la imagino encorvada,
mirando hacia el suelo,
con el auricular pegado a ella,
su negro cabello cubriendo sus ojos;
ella está tan triste,
que,
en alguna parte,
las navajas de rasurar
cortan yugulares
y un montón de gente se amarra una cuerda en el cuello;
ella es tan triste,
que dentro de los vagones del metro,
cientos de personas se aferran a su humor,
y mejor duermen,
y pasan las estaciones
y nada cambia,
la tristeza los mata y llegan a sus casas
comen sopa de fideos
y mueren por dentro;
ella es tan triste,
que yo no puedo hacer otra cosa,
más que emborracharme
y esperar a que el día de mañana,
desesperada,
se marque las venas y comience a sangrar;
y todo el dolor salga,
incluso el mío,
que se ha quedado dentro de ella.